Edición Latinoamérica
19 de Julio de 2019

Para no fomentar la adicción al juego

El Govern no permitirá instalar máquinas de Lototrot en los bares

(España).- El sector hípico teme que caiga en picado la recaudación, destinada a fomentar la actividad del trote, por lo que se definió que sólo podrán colocarse máquinas en bingos, salones recreativos, hoteles y en los hipódromos.

L

as ayudas que el sector de la cría caballar esperaba podrían quedar reducidas a la mínima expresión. El Govern no permitirá instalar en los bares y cafeterías de Baleares ni una sola máquina de Lototrot, el juego de apuestas hípicas que empezará a funcionar el próximo mes de agosto, porque no quiere que contribuyan a fomentar la adicción al juego.

Por el momento, la filial de Cirsa que previsiblemente explotará el negocio, Innovacions Informàtiques, sólo podrá colocar máquinas en salones recreativos, bingos, hoteles y en los propios hipódromos. La decisión no será firme hasta que, antes de fin de mes, se reúna por primera vez el Consorcio Hípico de Mallorca, creado por el Govern y el Consell que preside Maria Antònia Munar.

La reunión servirá también para perfilar los últimos detalles sobre el desarrollo de estas apuestas en su doble modalidad: Lototrot y Promotrot. Pero la vicepresidenta Rosa Estaràs ya adelantó ayer la voluntad de no instalar máquinas “ni en los bares ni en las cafeterías. Vamos a cumplir nuestro compromiso, adquirido con el sector, de poner en marcha la Lototrot”, declaró. “Ahora estamos buscando un punto de consenso entre todos los implicados”.

Evitar la ludopatía. Este es precisamente el argumento que, durante la pasada legislatura, la ONCE y la asociación de empresarios de máquinas tragaperras emplearon ante el Govern de Antich para pedirle que frenara el proyecto de la Lototrot. Al final, el Ejecutivo autonómico declaró desierto el concurso para otorgar la concesión del juego sosteniendo que la única empresa que optaba a la adjudicación, Innovacions Informàtiques, no acreditaba la solvencia económica necesaria.

Fuentes del sector hípico expresaron ayer su decepción por el anuncio de la vicepresidenta Rosa Estaràs. El decreto que regula la creación de la Lototrot establecía un máximo de 2.500 máquinas en toda Baleares. Una cifra que se verá sensiblemente reducida y difícilmente alcanzará el millar, una vez descartada la posibilidad de instalarlas en los bares. Más aún cuando, de momento, las apuestas sólo van a echar a rodar en Mallorca, a la espera de que el Govern alcance un acuerdo con los Consells de Menorca y las Pitiüses.

Esto se traducirá, advirtieron, en un drástica caída de los ingresos previstos en recaudación: si los bares cierran las puertas a la Lototrot, se reducirá en más de un 70% su clientela potencial, pues sólo un público muy limitado acude a bingos y salones recreativos. En el pasado ejercicio, el Consell de Mallorca había presupuestado unos ingresos procedentes de la Lototrot, destinados al sector hípico, próximos a los 3 millones de euros.

Según la normativa aprobada por el Govern, al menos el 60% de los ingresos procedentes de las apuestas deben repartirse en premios. De esta cantidad, una vez reducidos los impuestos del juego, así como el margen de beneficio de la empresa concesionaria y del local que acoge la máquina, el resto se destinará al sector.

La reunión del Consorcio que se celebrará este mismo mes de abril debe fijar los criterios de reparto de estas ayudas. A grandes rasgos, el Govern y el Consell han pactado que una parte de los ingresos se destinen a la cría caballar, a través de la Conselleria de Agricultura, y otra a incrementar los premios que reciben los jinetes en las carreteras para aumentar su atractivo. «En Mallorca, son de risa si los comparamos con otras competiciones hípicas». Por último, el Consell de Mallorca acaricia la idea de destinar los recursos a mejorar las instalaciones hípicas de la Isla.

La propia vicepresidenta Rosa Estaràs se comprometió ante la Plataforma del Trote de Manacor a impulsar la construcción de un nuevo hipódromo, ya que el actual no tiene las dimensiones mínimas exigidas para celebrar competiciones oficiales ni cuenta con espacio suficiente para dotarlo de establos. Mientras tanto, el de Son Pardo, en Palma, recibe cada año una inyección económica próxima a los 500 millones de pesetas.

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