La polémica se instaló en Punta del Este y, de a poco, se encamina a ser el comentario obligado del próximo verano: el decreto ya firmado avala la construcción, en plena marcha, de un nuevo hotel casino en un perímetro de cuatro manzanas que cambiará para siempre el paisaje de La Barra.
El Cipriani Resort, con inmensas estructuras amarillas, 100 habitaciones, cine, negocios, piletas, estacionamientos, un parador (Montoya) propio y un impresionante casino será la vedette de la temporada, hecho que para algunas personas es una gran noticia, pero que generó polémica entre los vecinos esteños, que buscaban tranquilidad en esa zona de la península.
Todo el entorno del hotel será pavimentado, como el acceso hacia la avenida Jaureguiberry, en una ruta que ya se ha ensanchando a lo largo de cuatro kilómetros en lo que los uruguayos llaman ";doble vía";.
Por ello, un grupo de vecinos integrado por Roberto Panelo, Luis de León, Tina Schirinian, María del Rosario Borges, Pablo Etchegaray, Mónica Bourdale de Acevedo y un prestigioso asesor amigo, el arquitecto Horacio Ravazzani, se pusieron en alerta ante las modificaciones e hicieron pública su preocupación. Panelo juntó material, armó carpetas, pidió reuniones con las autoridades y disparó críticas por medio de decenas de correos electrónicos.
";El proyecto no respeta las características del entorno. Están repitiendo un modelo de rutas en vez de proteger las dunas, de cuidar el bosque";, se quejaba.
Las críticas planteadas por los vecinos fueron las siguientes: la destrucción de las dunas; la priorización del automóvil por encima del medio ambiente; el avance sobre la playa, único recurso natural y comercial; la avenida de acceso, que provoca una agresión al bosque de pinos; las columnas de iluminación de cemento; la desaparición de las plantas fijadoras de médanos, como acacias y crucíferas, y la gran impermeabilización del suelo creada por la imponente estructura del hotel; la acumulación de agua junto a la ruta por los desagües pluviales que bajarán hacia el mar; el impacto visual; la contaminación acústica, y tantas otras cosas más que, suponen, traerá el gigante.
El movimiento de pasajeros hacia el nuevo parador de la playa y todas las noches de juego, cine y restaurante no dejarán descansar a los frentistas de esas calles.
Por otra parte, el juego va a estar administrado por Casinos del Uruguay, lo que traerá muchas fuentes de trabajo e importantes divisas para la comuna y el país.
Oficialmente, y ante la ausencia del intendente, Enrique Antía, fue el secretario de la Municipalidad de Maldonado, arquitecto José Luis Reale, quien salió en defensa del proyecto. ";Esto está aprobado desde 1999, y no salió la ley entre gallos y medianoche. La ordenanza de hotelería lo habilita perfectamente, es una construcción de buena categoría, y acá lo que estamos gestionando es una ciudad turística, no una reserva ecológica";, sentenció Reale.
El arquitecto recordó otras obras: ";Toda Punta del Este está lleno de dobles vías, que han venido muy bien y disminuido accidentes. Las quejas que recibimos son por una obra sucia, y eso ya se le advirtió a Higiene -continuó-. Además, estamos resolviendo una ruta costera con problemas disfuncionales. Las quejas también pueden tener lógica, pero eso sucede siempre cuando construyen una obra al lado. Les pasa a todos";. Luego pensó en el futuro: ";Me imagino un paisaje urbano jerarquizado, en estética, jardinería y vialidad";. Finalmente, aseguró que la doble vía estaba ";proyectada, aunque no hubiera existido el hotel";.
En tanto, los vecinos siguen con sus consignas: detener la obra en la ruta, reconstruir las dunas, disminuir los estacionamientos playeros y no asfaltarlos, resolver los desagües pluviales, bajar la altura de las torres de iluminación, y tantas cosas más que difícilmente sean regresadas hacia atrás.
El impacto se verá en enero, cuando el imponente hotel comience a moverse y muchos se muevan alrededor del gran edificio, incluyendo los más de 600 empleados y sus típicas motonetas que llegan a diario desde Maldonado.
Recién entonces se sabrá la verdad de algo que, sin duda, será el tema obligado de conversación en bares y playas. Pero el resultado final sólo se verá en enero, cuando el plato comience a girar, alguien cruce el rastrillo y agregue el ";¡no va más!";.