El hombre, armado con una carabina M4, ingresó a la segunda planta del World Resort Manila y comenzó a quemar mesas de juego con combustible, intentó robar fichas del casino y disparó.
Muchas de las víctimas fallecieron asfixiadas por el humo que ocasionó el incendio y otras perdieron su vida durante la estampida de los asistentes, que intentaban escapar del complejo de ocio.
Tomas Apolinario, superintendente de policía, señaló que los fallecidos se encontraban entre la segunda y la octava planta del resort, que alberga un hotel, un cine, un casino y una galería comercial.
A pesar de que el Estado Islámico reivindicó el ataque, el director General de la Policía local, Ronald Dela Rosa, descartó el incidente como acto terrorista y lo calificó de robo. "Si fuese un terrorista, sembraría el terror", declaró.
Según la versión oficial, el objetivo del asalto era “sustraer un botín de 130 millones de pesos filipinos (2,6 millones de dólares) en fichas del casino”.
El agresor murió carbonizado en la quinta planta del hotel: “El presunto responsable se atrincheró en la habitación 501, se envolvió en sábanas rociadas de combustible y se prendió fuego a sí mismo”, aseguró la policía filipina.