Fuentes de la compañía explican que las relaciones con la Generalitat “se enfriaron” en los últimos meses y que ahora negocia con el resto de compañías implicadas, como la china Melco y la estadounidense Hard Rock. Con esas dos constituyó dos sociedades conjuntas que optan a dos de las cuatro licencias que la Generalitat concederá para operar casinos en el futuro resort.
La Generalitat ya hace tiempo que daba por hecho que Veremonte desaparecería del proyecto. Lo confirmó el pasado sábado Damià Calvet, director del Incasòl y coordinador del proyecto por parte de la Generalitat, cuando deslizó que los operadores importantes para el futuro del complejo que aglutinará oferta hotelera, comercial y de juego eran Melco, Hard Rock y Grupo Peralada, que son los que tienen experiencia en la explotación de casinos. “La clave son esos tres operadores de casinos, que aportan solvencia técnica y financiera y tienen un compromiso con el proyecto”, señaló.
Ya en enero, Melco aseguró que su interlocutor, en lo que se refiere a BCN World, era la Generalitat y que su “presencia en el proyecto no se basa en ninguna participación de terceros”, una clara referencia a Veremonte. Una prueba del distanciamiento entre el grupo chino y el del promotor español es que, pese a firmar un contrato, Melco optó por pedir una licencia en solitario, además de la que solicitó junto a la empresa de Bañuelos.
Veremonte presionó al Gobierno catalán para que le hiciera una ley a medida que rebajara los impuestos al juego y ahora mantenía esa presión durante la elaboración del plan director urbanístico (PDU), que regulará la edificación en el sector y se presentará previsiblemente en julio. Tras descartar ejercer la opción de compra por los terrenos que albergarán el complejo, la compañía señaló que no podía realizar esa inversión sin garantías de poder desarrollar un proyecto viable económicamente.