Se espera que la situación se revierta en el segundo semestre de 2015, pero los tiempos de gloria vividos en los diez últimos años parecen haber llegado a su fin.
Ya no vale construir un complejo de juego obviando el ocio. Ahora la exigencia es invertir también en instalaciones que no se dedican al juego y aquí el retorno pasa del 50 al 30%. Aún así, es un retorno tres veces superior al que se puede obtener en inversiones realizadas en Estados Unidos, Australia o en otras partes del mundo.