A pesar de ello, el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, no se conforma con esta expectativa y anunció ayer su disposición de trasladarse a Estados Unidos para entrevistarse con el magnate Sheldon Adelson, en un último intento de convencerle de las ventajas valencianas.
Por su parte, Marina d’Or aseguraba ayer -antes de conocer el rechazo explícito de los promotores de Eurovegas- que la única opción viable era la suya. Para defenderse de aquellos que insistían en que la propuesta se había hecho tarde, afirmaba que “lleva tiempo manteniendo reuniones preliminares con éste y otros grupos empresariales de origen norteamericano y de otros lugares del mundo para desarrollar Marina d’ Or Golf”.
Es más, insistía en que era la única propuesta viable, con terrenos de 18 millones de metros cuadrados ya urbanizables, completamente compatibles con la construcción de la ciudad del juego. “Puede comenzar a construirse hoy mismo”, insistía el grupo castellonense.
Marina d’ Or también sacaba pecho con las buenas comunicaciones que rodean al complejo. Queda a seis kilómetros del aeropuerto de Castellón, pero al contrario de lo que ocurre en Barcelona, ni este aeródromo está saturado -de hecho está a la espera de que se le otorgue la licencia de apertura- ni su ubicación impide que se construyan los rascacielos que tanto gustan al promotor y magnate de Eurovegas, Sheldon Adelson.
Por último, Marina d’Or vende “el mar”. El Eurovegas de Castellón estaría a dos kilómetros de la playa y rodeado de tres campos de golf. Todo en un lugar en el que hay 300 días de sol al año.
Lo cierto es que todo indica que Eurovegas no irá a Oropesa, pero la carta de presentación de cara a otros inversores ha quedado clara.