Reunidos por la unión de organizaciones obreras Fuerza Sindical, más de 20 mil trabajadores del sector de bingos reclamó ante el cierre de las salas con mensajes de rechazo a la decisión gubernamental y mostraron pancartas que pedían al Parlamento que cancele las medidas. Esta ha sido una de las mayores protestas en Brasilia desde que Lula asumió el poder en enero del 2003.
Representantes de los manifestantes fueron recibidos por autoridades parlamentarias y gubernamentales, a quienes intentaron explicar la crisis económica que puede generar el fin de los bingos. Los manifestantes se concentraron en la Explanada de los Ministerios, avenida en la que están las sedes del Ejecutivo, del Legislativo, y el poder judicial, transportados por más de 550 autobuses.
El cierre de los bingos fue determinado el mes pasado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a raíz de acusaciones sobre la financiación ilegal de campañas políticas con recursos provenientes de ese juego de azar. Ese escándalo salpicó a miembros del entorno del mandatario y a integrantes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
Pese a haber determinado la cancelación inmediata del funcionamiento de los bingos tras conocerse las primeras acusaciones, a inicios de febrero pasado Lula había manifestado al Congreso que estudiaba formas para legalizar esa actividad. La existencia de esos establecimientos estaba prohibida por ley, pero pudieron mantenerse abiertos gracias a la obtención de medidas cautelares dadas por algunos jueces.
Una protesta semejante a la de Brasilia fue realizada el lunes en Sao Paulo, donde la Fuerza Sindical, considerada la segunda mayor unión de sindicatos del país, juntó a unas 30.000 personas. También hubo otra convocatoria ayer en Río de Janeiro.