El casino Pharaohs, que posee 150 máquinas tragamonedas, estudia actualmente la posibilidad construir un hotel cinco estrellas con cien camas a un costo de 7 millones de dólares, en un terreno ubicado entre el Fridays y el local del casino, explicó al diario Confidencial de Nicaragua Mark McNight, Presidente de la compañía.
El casino Morocco, por su parte, ya comenzó a invertir en la construcción de su nuevo local en el Camino de Oriente, que podría estar listo en diciembre. Otra de las salas que también ha comenzado a ampliar sus instalaciones es la de Star City, que invertirá un poco más de 1.2 millones de dólares para que los mil metros cuadrados de superficie que ahora ocupan se conviertan en tres mil, incluyendo lo que proyectan como el karaoke más grande del país.
Sin embargo, en medio de estas inversiones, y de tantos otros proyectos para captar nuevos clientes y sobresalir por sobre el resto de los competidores, los legisladores continúan debatiendo un polémico proyecto de ley que pretende regular el negocio del juego en Nicaragua.
Aunque el proyecto fue dictaminado desde el año pasado, no está programado a entrar a plenario en lo que resta de la presente legislatura, debido a que hay que discutir leyes como la del presupuesto 2004 y las que son requisitos para alcanzar el punto de culminación de la HIPC.
Varias opiniones
El diputado Sampson explicó que la intención de la ley es “regular las ganancias extremas que tienen los casinos, porque esas ganancias salen de los jugadores. En mi opinión, los casinos no deberían existir. Me parece que lo ideal sería prohibirlos pero me doy cuenta que es una realidad que no podemos negar”.
La divergencia de criterios y opiniones cruzadas llevó a los legisladores a proponer medidas y controles tal como impedir que las máquinas tragamonedas estén cerca de las escuelas, o sean situadas en las pulperías, donde cualquier menor tiene acceso irrestricto a ellas.
Pero la intención inicial fue más allá, al proponer que la Ley ordene que los casinos puedan operar únicamente dentro de los hoteles.
Aunque los administradores de los casinos opinan que una restricción de ese tipo es inconstitucional, los legisladores argumentan que la idea de asociar los casinos a los hoteles es para que “el acceso no sea abierto a todo el público”, lo que en teoría evitaría que los jóvenes lleguen a esos lugares.
El alcance de la propuesta
A sabiendas de la inminencia de la aprobación de la ley, quienes se dedican a este negocio están preparando una contrapropuesta con la esperanza que los diputados los escuchen antes de votar en el plenario del Parlamento.
En ella explicarían a los legisladores que la idea de obligarlos a construir un hotel para poder seguir operando de forma independiente no es tan buena como parece a primera vista al pensar de forma simplista que incrementará de la noche a la mañana la cantidad de camas y habitaciones disponible sen el país.
“Podríamos irnos a la quiebra si construimos un hotel y no hay suficientes clientes para hacerlo rentable”, especuló Espinoza para quien esa “Ley es una especie de Frankenstein, porque fue armada de pedazos y partes distintas”.
El diputado Sampson explicó que la idea es regular la actividad, no prohibirla y que están conscientes del peligro de quiebra que conllevaría aprobar una obligación como esa, por lo que se pronunció por “analizar bien antes de votar la Ley. ¿Cómo vamos a poner una ley que no se puede cumplir? Hay que analizar a quienes y cuánta gente vas a afectar”, sentenció.
Borge defendió la idea de “amarrar” a los casinos con los hoteles cinco estrellas, porque eso llevaría a que los jugadores fueran principalmente los turistas o los nacionales con suficiente dinero para perder y no “todo el mundo” además que se haría más fácil controlarlos porque “hay pocos hoteles de esa categoría”.