La Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), ente regulador del iGaming en España, presentó un estudio que reveló que, durante 2024, la cantidad de mujeres que realizaron apuestas online aumentó un 23,5%, un monto equivalente a casi 64.000 más que el año anterior.
El análisis sobre el perfil de la mujer en el juego online de España, elaborado por la entidad dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, concluyó también que dicho porcentaje es superior al crecimiento en la cantidad de hombres jugadores en ese lapso.
Se reportó también que el 59,4 % de mujeres jugadoras online tiene menos de 35 años. Las mujeres que juegan de forma activa representan un 16,9% y se calcula que, en total, hay 335.627 jugadoras de entre los 1.991.550 usuarios que hacen apuestas online.
A su vez, los patrones de gasto también son diferenciales en función del género. Por un lado, las mujeres presentan mayores ganancias máximas y, por otro, menores pérdidas extremas, siendo su pérdida media de EUR 539, lo que apunta a una concentración del gasto en un número reducido de personas.
El estudio refleja también que las mujeres presentan un patrón diferenciado de juego respecto al de los hombres: los martes y los sábados emergen como los días de mayor actividad, y el volumen de sus operaciones se concentran en la franja de la tarde-noche, coincidiendo con los picos de oferta deportiva.
Por otro lado, el análisis señala que el 46,1% de denuncias que acusan suplantación de identidad en el juego fueron presentadas por mujeres, a pesar de que su participación en el juego online es muy inferior a la de los hombres.
Ello, según el informe, podría reflejar “la existencia de dinámicas de control financiero en entornos cercanos, la persistencia de brechas en materia de seguridad digital y la posible utilización de identidades femeninas en prácticas fraudulentas”.
Para elaborar este perfil, la DGOJ utilizó datos que aportan los operadores de juego con licencia y, por primera vez, se aplicó al análisis una perspectiva de género, desagregando los datos entre hombres y mujeres, a fin de identificar las diferencias en los patrones de juego y de poder, y poder adecuar así las políticas públicas en función a esta realidad.