Edición Latinoamérica
28 de Octubre de 2020

Juego clandestino en Brasil

A pesar de la prohibición, los bingos se multiplican nuevamente en San Pablo

A pesar de la prohibición, los bingos se multiplican nuevamente en San Pablo
Bajo el escudo de trabajar junto a ONGs, las salas de juego atraen a un enorme caudal de público apostador (FOTO CORTESÍA CBN).
Brasil | 08/08/2019

Prohibidos hace 15 años, los bingos se han multiplicado nuevamente por las calles de la ciudad más grande de Brasil. Las casas operan en utilizando en general a ONGs como fachadas para eludir la legislación restrictiva, y en otros casos, la operación es completamente clandestina. Un Informe de la cadena CBN muestra la realidad de un negocio que se mantiene vigente y convoca a multitudes de apostadores paulistas.

J

ueves por la tarde, barrio de Santana, zona norte de Sao Paulo. Una mujer se acerca a los ancianos y anuncia un bingo abierto hace una semana: el Southern Cross Space. "Todos los días a las 13 horas abre con $ 5.000. Los premios de $ 10.000 son a las 18 y a las 22 horas. Todos los días tienen una promoción", asegura.

El lugar, visitado por un cronista de prensa encubierto de la CBN de Brasil (parte de la red O Globo), ofrece un gran salón con cientos de apostadores. El sistema está automatizado, equipado con terminales de juego y pantallas grandes. Decenas de empleados atienden al público, en su mayoría mujeres de edad avanzada. El juego cuesta 2 reales. Cada cinco minutos arranca una nueva ronda. El premio normal es de 100 reales por la línea y 600 por el cartón completo, pero puede llegar a 50.000. Además, la sala vende comida y bebidas. Se ve igual que las salas de bingo que operaron hasta 2004, antes de la prohibición.

Para eludir la ley, los propietarios afirman que no buscan ganancias sino filantropía: dicen a la Justicia que trabajan para una ONG, y obtienen una orden judicial.

En el caso de la sala en Cruzeiro do Sul, la ONG es la Asociación Educar para Cambiar, que ni siquiera tiene un sitio web y la ilegalidad está también presente, un empleado de bingo indicó al cronista que una sala en la calle siguiente opera cientos de máquinas tragamonedas nuevas. El lugar parece un búnker. La seguridad fue mejorada, le colocaron puertas de hierro y no cuentan con ventanas. Para ingresar, se debe anunciar por intercomunicador y decir que jugará.

A menos de una milla de distancia, en la calle Dr. Zuquim, los cronistas de CBN encontraron otro bingo, que ni siquiera usa a una ONG como fachada. En este caso funciona bajo tierra, y la Policía la ha cerrado varias veces, pero siempre vuelve a abrir. En el interior, docenas de máquinas tragamonedas operan en la clandestinidad. "Gasté 500 reales hoy, ayer gasté otros 500. Ahora me detendré un poco. Mientras tengo dinero, juego. Aunque no gano todo el tiempo, me vuelvo loca", asegura una mujer consultada por los periodistas.

A dos cuadras, frente al metro, opera el bingo Mansana Santana. La policía cerró el lugar en marzo, después de que dos personas murieron en un tiroteo, pero pronto reabrieron.

El Bingo usa la imagen de la ONG Quien Ama Cuida de San Pablo, pero la entidad está a punto de cerrar porque no tiene dinero: hasta el momento no registra ganancias del bingo, que también tiene máquinas tragamonedas escondidas en una propiedad vecina.

En la Zona Sur, tres salas también usan ONGs para eludir la ley. En Itaim, el Real Lucky Space se asoció con el Proyecto São Miguel Hope. Uno de los socios es el empresario paraguayo Jorge Escobar, quien fue arrestado dos veces en abril. La casa está a nombre de Denis Mandelbaum, quien opera en el negocio de bitcoins, y niega irregularidades en la operación.

"Hoy no tengo ninguna conexión. Aunque la compañía que está a mi nombre todavía tiene dirección allí, es una compañía que no está operando. No hay irregularidades en este negocio. Se hace de acuerdo con la ley de explotación de bingos por organizaciones benéficas”, aseguró.

Otras dos casas están vinculadas al mismo grupo, los ambientes tienen la misma identidad visual: creado hace cuatro meses, Espaço Morato (en Vila Sônia) pertenece a Vartan Chorbajian Neto, socio de Denis en otra empresa. Vartan afirma que ya se retiró del bingo, pero es su nombre el que aparece en el registro. El Bingo funciona para las ONG Project Expeditions, que no tiene ni siquiera un sitio web, registro o dirección declarada.

Y el Espacio Real de São Judas utiliza la imagen de la ONG Casa Expedições, un proyecto que se cerró por falta de recursos. En el Bingo dicen que operan legalmente, pero empleados de seguridad intentaron evitar que se tomen fotos de la fachada.

También hay salas de bingo que se han cerrado más de una vez en los últimos años y funcionan a todo vapor, como el tradicional Club Piratininga en Higienópolis, y uno en la calle Guaicurus en Lapa. Todo ello demuestra que en Brasil, la prohibición legal no impide el juego, más bien todo lo contrario.

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